Clara Obligado: “El mayor error es escribir por narcisismo o para conseguir éxito”

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En mayo, poco antes de iniciar la colaboración del Taller de Clara Obligado con El ASombrario, mantuve esta conversación con su fundadora (y amiga), Clara Obligado. Quienes no pudisteis leerla entonces, os invito a hacerlo ahora. No tiene desperdicio, sobre todo para quienes estéis interesados en inscribiros en alguno de los cursos de escritura. La semana que viene comenzamos el último de los intensivos de verano (que tengo el placer de impartir) y en octubre retomamos los cursos regulares.

¿Cómo, cuándo y por qué surgió el Taller?

Como muchas cosas importantes que se hacen en la vida, surgió por casualidad, casi como un juego. Cuando llegué a España como filóloga ya me gustaba mucho enseñar. Me junté con un grupo de amigos para escribir un libro en equipo y naturalmente yo coordinaba la tarea. Me gustó, a ellos también. Luego me invitaron a dar pequeños cursos, por fin me contrataron en un Ayuntamiento. Cuando me despidieron, tuve que darme de alta en el paro y lo hice como “Taller de escritura”. Y allí apareció el término, que fue incorporado junto a talleres mecánicos, de prótesis dentales y cosas por el estilo. De esto hace ya más de 35 años. En los ochenta organicé los primeros talleres en el Círculo de Bellas Artes. Y así, hasta hoy.

Supongo que en aquella época la gente no era muy receptiva a los talleres, ¿no? Hablo, sobre todo, de los escritores,

No, en general no lo era. Había una idea casi mística de lo que es la escritura, que consistía en que la Musa volaba y lanzaba la inspiración sobre tu cabeza. No sé cuántas veces tuve que contestar a la pregunta “¿el escritor nace o se hace?”. Finalmente me apropié de una frase de Monterroso, que también fue tallerista, y que contestaba a la bendita pregunta con “todos los escritores han nacido; luego, algunos se forman”. Con el tiempo, los mismos escritores que eran refractarios a nuestra tarea terminaron sumándose. Lo considero un éxito.

La situación ha cambiado mucho desde entonces y ahora proliferan los centros que enseñan escritura creativa. Desde Ayuntamientos a fundaciones o incluso editoriales, parece que todos se han enganchado a la escritura creativa.

Cuando lo veo me alegra haber colaborado a que las cosas sean así. Los talleres, tal como se imparten ahora en España, son sin duda hijos de estas primeras experiencias, se parecen muchísimo. No a todo el mundo le gusta reconocerlo, pero la verdad es que lo mismo da. Era algo que hacía falta, y ha ayudado a democratizar la literatura, a reflexionar sobre ella, ha creado un tejido cultural que no existía. Y, en algunos géneros, como son el cuento y la microficción, ha formado lectores y escritores que no existían hace algunos años.

Desde el punto de vista metodológico, del enfoque, ¿qué diferencia el Taller de Clara de otros centros? ¿Qué es lo que se va a encontrar un alumno que asista a clase?

Creo que mi taller tiene una impronta particular. En primer lugar, aunque vivimos de nuestros cursos, no hemos intentado crear un negocio, no sé si se me entiende, ni crecemos más allá de lo que podemos abarcar personalmente. Cuando algunos talleres adoptaron un perfil más comercial, yo procuré separarme de esa perspectiva. No porque me parezca mal o bien, sino porque para mí la literatura es otra cosa. Lo nuestro es, de alguna manera, una enseñanza peripatética, de proximidad, donde la relación con el profesor es fundamental y amistosa. Eso, por un lado. Por otro, tampoco defendemos una poética personal o particular, creo que sabemos ser abiertos a diferentes enfoques de la literatura. Nos gusta debatir y la diversidad –en todos los sentidos- está considerada un estímulo. Y, por fin, procuramos dar una formación literaria integral, que pasa por la incorporación a un grupo de escritores que inician juntos un proceso, por el conocimiento de algunos mecanismos del oficio, por la participación en todo tipo de acontecimientos literarios y un larguísimo etcétera que cada vez se amplía más. También tenemos una editorial propia, dirigida por Camila Paz, El pez volador, donde damos salida a libros de nuestros participantes que tienen un alto nivel. Más que un taller, somos, de alguna manera, un grupo literario donde se reflexiona, se comparte, se crea, se publica, se encuentra a gente con tus mismas inquietudes.

No se puede aprender a ser escritor, es algo demasiado complejo y tiene que ver hasta con determinadas condiciones de carácter. Pero claro que se puede aprender a escribir, y ayuda mucho hacerlo en compañía. A veces no somos capaces de reconocer lo que hacemos bien ni lo que hacemos mal. A veces perdemos mucho tiempo girando en falso. La mirada ajena es un sistema impecable e implacable a la vez. Nos enseña a ser modestos, para corregirnos, y también a ser orgullosos, para sostener lo que tenemos claro.

¿Qué te ha aportado a ti la enseñanza en tu formación como escritora?

Siempre he querido enseñar, pero quise ser escritora bastante más tarde. Hoy podría decir que, para mí, son dos caras de la misma moneda. Todos los días, durante cuatro horas, escucho textos y ayudo a llevarlos a su mejor estado. Todos los días veo errores, y también aciertos que me producen envidia. ¿Cómo no voy a estar influida por la gente que me rodea? Incluso cuando termino un libro, suelo pedir opiniones. Nada mejor que la mirada ajena, cuando es cariñosa y perspicaz.

¿Qué cualidades ha de tener una persona para convertirse en escritor?

Tiene que tener cualidades y defectos. Por un lado, nadie está obligado a convertirse en escritor, es una carrera (si es que es una carrera) o una profesión (si es que es una profesión) muy exigente. Casi no se gana dinero, hay que dedicarle muchísimas horas y suele ser un trabajo bastante solitario. Además, muchas veces depara más frustraciones que éxitos. Entonces, ¿por qué escribimos? Después de muchos años, he llegado a una conclusión: lo hacemos porque no lo podemos impedir. Porque escribir nos lleva a tener algo que otras personas no tienen. Escribir nos permite vivir varias vidas a la vez. El mayor error, creo, consiste en escribir por puro narcisismo, por tener un libro publicado o para conseguir el éxito. Eso es relativamente fácil. Ser un buen escritor es otra cosa.

¿Cuáles son tus criterios y exigencias a la hora de enseñar?

Creo que soy cariñosa y exigente a la vez, o pretendo serlo. Mi primera exigencia es que se formen como lectores. Lectores de otros autores, y de sí mismos. La otra es que sepan encajar las críticas de manera razonable. Que acepten la reescritura como una parte de la escritura misma. Que no escriban sobre temas impostados, es decir, que sean honestos. No me gusta la solemnidad, aunque si es auténtica, bienvenida sea.

Háblanos un poco de la sección que del taller en ‘El Asombrario’. ¿Qué se va a encontrar el lector?

El lector va a encontrar lo que espero que se encuentre también en nuestros cursos: una reflexión amena sobre la lectura y la compleja profesión de escribir. Una manera de mirar el mundo a través de los libros y de la cultura.

*Texto publicado en El Asombrario el 7 de mayo de 2017, en la sección del Taller de Clara Obligado

Toto: Manolo Yllera

 


Cursos de verano en el Taller de Clara Obligado (http://escrituracreativa.com)

 

Vuelta alrededor del cuento. Para iniciación-intermedio

Leeremos a los grandes cuentistas de la historia, desde Poe o Chéjov, hasta Cheever, Carver, Borges, Cortázar, Ribeyro, Munro, Lorrie Moore, entre otros autores. Curso práctico. Cuatro sesiones: 11,18,13 y 20 de septiembre, de 20.00 a 22.00 horas. 100 euros.

Modos de ver. Nuestra mirada nos sitúa en el mundo, también en la escritura. 

Leeremos a John Berger y a otros autores que han meditado sobre la mirada y la escritura. El curso es práctico. Cuatro sesiones: 12,19, 14 y 21 de septiembre, de 20.00 a 22.00 horas. 100 euros

Profesor: Javier Morales

Si quieres inscribirte escribe a: escrituracreativajaviermorales@gmail.com

Más información:

http://escrituracreativa.com

Publicado el 6 septiembre, 2017 en Entrevistas, Escribir, Escritura Creativa, Leer, Sin categoría

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